Si bien el arte se ha articulado a sí mismo durante gran parte del siglo XX con jerarquías implícitas en la recreación de taxonomías binarias, típicas del estructuralismo o la metafísica occidental, los conflictos que originó la utilización del "POST" rompieron tajantemente el engranaje epistemológico que lo construía, es decir, se originaron multitud de nuevas referencias con las que construir, plantear y responder. Ya no basta con invertir las preguntas, hay que constreñir las metáforas desde modos o razones múltiples. Una imagen no pertenece a un cuerpo sino a una multitud de ellos. Para romper la estructura epicéntrica que ha caracterizado al arte, hay que replantearlo desde las lógicas más lejanas a él. No se trata de preguntarse qué utilidad tiene el arte hoy en día, sino cuestionar la utilidad de otras prácticas desde la epistemia, contrastándolo de este modo con la practica artística. Esta es la manera de ver que no existe tanta diferencia entre lo que pueda hacer un artista y lo que realiza un alquimista, un barrendero o un carnicero. El posthumanista alemán Peter Sloterdijk plantea que todavía queda una revolución por hacer:
"El mundo necesita otra revolución u otro cambio para corregir su curso autodestructivo. Sin embargo nadie sabe cómo ha de realizarse este cambio. Todos los intentos revolucionarios añadidos han fracasado horriblemente".
Siguiendo el esquema anterior, hay mil revoluciones por hacer y mil revoluciones que poder plantear. El primer paso quizás sea fagotizar los valores de una revolución desde el anonimato.
kg
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"Nada está perdido si se tiene el valor de proclamar que todo está perdido y hay que empezar de nuevo"
Julio Cortázar