sábado, 21 de noviembre de 2009

TURISMO VS UTOPÍA





Si bien entendemos el viaje como un sistema cifrado de estímulos geográficos modulado por la experiencia contemporánea, esta misma idea y su noción etimológica han de ser cuestionadas. Partamos de la supuesta experiencia vivida a través del viaje postmoderno y de su representación capitalista más inmediata; el turismo. Esta nueva forma de experiencia lleva consigo un paradójico sistema de códigos que rompen y fragmentan el "topos" o pasado histórico, es decir, la forma turística de conocer el mundo y su importancia en el tiempo, han disuelto nuestra capacidad de vivencia del presente, anulándolo y convirtiéndose de este modo en un productor más de falsas utopías. La capacidad de realizar el "viaje imposible" ha derivado en la contemplación absoluta del turismo como la última utopía posible. Pongamos como ejemplo una puerta monumental, símbolo de representación anodino e icono del topos. El sistema de experimentación espacio-temporal y la concepción clásica de "la puerta" desde un punto de vista histórico-artístico muda y se convierte en un instrumento turístico preconcebido y exento de experimentación. Atendiendo a los postulados conductistas, el turista es programado antes, durante y después de su propia experiencia. Las grandes puertas de nuestra historia han pasado a convertirse en grandes tesoros simbólicos de la capitalización museística, en lugares taxonómicos de consumo frenético y en representaciones de lo absurdo, grandes ubu roi del siglo XXI. ¿Un mundo sin utopías?. Un mundo sin puertas.



kg

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"...Los que viajan a lejanas regiones, generalmente en grupo, para hacer provisión de sol y de imágenes, se exponen, en el mejor de los casos, a encontrar solamente aquello que esperaban encontrar: a saber, hoteles extrañamente semejantes a los que frecuentaban en otros lugares el año anterior, habitaciones con televisión para mirar el programa de CNN, las series norteamericanas o la película pornográfica del momento, piscinas situadas junto a las playas y, en el caso de los más venturosos, algunos leones de Kenya fieles a la cita que les asigna por la tarde un hábil guía, algunos flamencos rosados, algunas ballenas argentinas, algunos canastos o mostradores en los que los descendientes de los salvajes de antes venden sus baratijas a las puertas de sus reservas o hasta en el centro mismo de las ciudades donde, empobrecidos, se proletarizan..."


Marc Augé
El Viaje Imposible: el turismo y sus imágenes (1997) Barcelona: Gedisa
(p. 36)